Estamos consumidos por el consumo

La voz de Alfredo Molano ha sido considerada como una académica con un amplio conocimiento sobre la historia del conflicto en el país. En el tercer día del 2º Festival de Cine de Jardín tuvo a su cargo la conferencia Cuestión agraria en Colombia. En ella hizo un recorrido por su propio relato vital, por su experiencia particular de acercarse a la geografía y sobre cómo esto lo indujo, de manera paulatina, a tener una posición ideológica manifiesta: hoy se declara un anarquista.

Con aforo lleno, Molano inició narrando la conformación de las primeras estructuras subversivas en Colombia. Cuando él era un niño ocurrió El Bogotazo, el 9 de abril de 1948; ese hecho que cambió drásticamente el curso del siglo XX en el país. En 1946 eran más de 14.000 los muertos  y con la toma de posesión de Mariano Ospina Pérez, la consigna, según el escritor, de “hagamos invivible la República Liberal”, hizo que este número se multiplicara y no con inusitada rapidez.

Hubo un manojo de reformas a las que el Partido Conservador se opuso, justo cuando “la diferencia comenzó a ser asesinada”. En 2014 la cifra había ascendido con creces: eran más de 600 mil los hombres muertos. No obstante, pareciera que ahora, por una suerte de anestesia común, fuera más importante el censo de víctimas en lo que se ha denominado como violencia nacional que lo que a los asuntos de la Tierra respecta, que es en realidad donde está el espíritu.

Molano refirió lo siguiente: primero catalogaron a unos con inclinación liberal y a otros con inclinación comunista, en otros términos: “los liberales limpios y los liberales sucios”. En el 61 la industria del azúcar en Cuba se había nacionalizado y la Guerra Fría se respiraba en América Latina. La República de Colombia implementó métodos de largo alcance; la Alianza para el progreso, la réplica -a nuestra manera- de un programa de ayuda económica, política y social de Estados Unidos, sugerida por el presidente John F. Kennedy: “Una aparición internacional para evitar una reforma socialista en Colombia”, señaló.

Cuando el senador conservador Álvaro Gómez Hurtado denunció la aparición de “Repúblicas independientes” se valió el Estado para atacar Marquetalia. La rebelión, con más ímpetu, fue ocupando los terrenos baldíos y con tierra fértil de por medio surgió el enfrentamiento entre el comerciante y el colono: “La coca tenía la garantía de la coca; tal como el caso del café”. Los comerciantes debían pagar a las guerrillas para la protección de la tierra y así garantizar el derecho al cultivo (el ELN prefirió el secuestro como método de subvención).

Ahora, en la coyuntura, Molano ofreció las siguientes perspectivas: La guerrilla FARC pudo haber continuado 20 años más, sin embargo, tiene otras consecuencias nacionales el que ahora se puedan consolidar como partido político que haga oposición al establecimiento. Aunque el primer punto de los Acuerdos de Paz de La Habana alude a las reservas campesinas, estableciendo que la tierra no puede ser acumulada; instó el ejemplo de los campesinos que desde Rojas Pinilla (año 53 al 57) reclaman sus tierras y que desde hace algún tiempo fueron concedidas a una empresa que siembra palma africana, siembra endémica.

Concluyó la conferencia asegurando que la propiedad de la tierra en Colombia le sigue correspondiendo al Estado; además, que ya el tema no es “propiedad de la tierra, sino uso de la misma”. Le preocupa el tema del consumismo, más no del capitalismo, pues argumentó que estamos terriblemente consumidos por el consumo. Concluyó su conferencia citando al jefe guerrillero Romaña: “Como se sabe: en Colombia es más fácil crear un frente armado que organizar una junta de acción comunal”.

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